7 de agosto de 2026
De la pista de tenis a la IA: 15 años detectando patrones
Quince años entrenando tenis me enseñaron que las personas repiten patrones donde se sienten cómodas. Las empresas hacen exactamente lo mismo. Cómo pasé de la pista a automatizar procesos con IA.
Llevo quince años entrenando tenis. Cuando lo cuento en una reunión con una empresa, la reacción suele ser la misma: una ceja levantada y un "¿y eso qué tiene que ver con la inteligencia artificial?".
Tiene que ver todo. Y para explicarlo tengo que hablarte primero de una cosa que se ve en la pista y que luego he visto en todas las empresas con las que trabajo.
Las personas repiten patrones donde se sienten cómodas
El tenis, cuando lo estudias en serio por su parte táctica, deja de ser un deporte de golpes y se convierte en un deporte de lectura. Y lo que lees, al final, es siempre lo mismo: el ser humano repite el patrón donde se siente cómodo, y cambiarlo le cuesta.
No es una teoría. Es algo que ves con los ojos, una y otra vez, en cuanto llevas suficiente tenis encima:
- El jugador que, bajo presión, manda la bola siempre al mismo lado.
- El que ataca siempre por la misma dirección, partido tras partido.
- El que resuelve todas las voleas hacia el mismo sitio, sin darse cuenta de que lo hace.
Yo esto lo he vivido no una vez, sino muchas: llevando chicos a competir a torneos, viéndoles enfrentarse a rivales distintos, semana tras semana. Y aprendes a detectarlo en la medida en que ves mucho tenis y, sobre todo, en la medida en que lo enseñas. Porque enseñar te obliga a mirar de otra manera: no basta con ver que falla, tienes que ver por qué falla y qué patrón hay debajo.
Ese es el músculo que entrené durante quince años. No el revés: la lectura de patrones y la paciencia de corregirlos sabiendo que la persona se va a resistir, porque cambiar incomoda.
Un día quise tomar otro rumbo
No hubo drama ni crisis. Hubo un día en el que pensé que me apetecía tomar otro rumbo, además del tenis. Y empecé por donde empieza todo el mundo que no sabe muy bien por dónde empezar: un curso. En mi caso, de análisis de datos.
De ahí salté a la inteligencia artificial aplicada a los negocios a nivel industrial. Y ahí fue donde se me encendió la bombilla, porque vi lo mismo que llevaba viendo quince años en la pista, pero en otro sitio: hay muchísimas cosas que hacemos cada día, de forma repetitiva, que sencillamente no hace falta que hagamos.
Empresas enteras repitiendo el mismo movimiento porque es el que conocen. Igual que el jugador que manda la bola siempre al mismo lado.
Lo primero que automaticé fue para mí
No empecé montando sistemas para clientes. Empecé por mi propio desorden, que es como se aprende de verdad.
Lo primero fue el correo. Tenerlo limpio, gestionado de forma eficiente, sin dedicarle media vida a decidir qué es cada cosa. Un problema pequeño, doméstico, pero que se repetía todos los días — que es justo la definición de lo que merece automatizarse.
Lo segundo fueron mis inversiones. Me monté un sistema que me prepara cada semana un resumen del estado del mercado. Algo que antes significaba abrir cinco sitios y leer un rato, y que ahora me llega hecho.
Ninguna de las dos cosas es espectacular. Y precisamente por eso funcionan: la automatización que sirve no es la que impresiona en una demo, es la que te quita de encima algo que ibas a hacer igual el lunes que viene.
Lo que hago hoy es lo mismo, en otra pista
Hoy analizo procesos de empresas y monto sistemas de IA con mi equipo de NorteIA. Y el método no ha cambiado nada:
- Miro cómo trabajan de verdad (no cómo creen que trabajan).
- Detecto el patrón que repiten sin darse cuenta y que les está costando horas.
- Diseño la corrección y la sistematizo hasta que funciona sola, sin depender de que alguien se acuerde.
Es exactamente lo que hacía con un jugador que siempre atacaba por el mismo lado. Cambia la pista, no el método.
Y hay una ventaja que me llevé de regalo: quince años enseñando a personas te enseñan que una solución que la gente no adopta no es una solución. En las empresas pasa igual que en la pista: puedes tener el mejor sistema del mundo, que si al equipo le incomoda, no se usa.
Si estás pensando en cambiar de sector
Te digo lo que le diría a cualquiera que me lo pregunte, porque a mí me lo preguntan bastante:
Nunca es tarde para aprender, y la barrera de entrada es mucho más baja de lo que la gente piensa. Se necesita tiempo, ganas y una mente muy abierta. Poco más.
Yo no vengo de la ingeniería. Vengo de una pista de tenis. Y hoy en día se pueden construir cosas muy chulas solo con tu imaginación y las herramientas que ya existen. La parte difícil nunca fue la técnica: fue decidir empezar.
¿Se puede ser consultor de IA sin venir de la ingeniería?
Sí, y en muchos casos es una ventaja. La parte más difícil de un proyecto de IA en una empresa no es técnica: es entender cómo trabaja la gente y conseguir que adopte el sistema. Yo aporto la lectura del negocio y el diseño; la arquitectura técnica más profunda la ejecuto con mi equipo de NorteIA.
¿Qué tiene que ver el tenis con automatizar procesos?
El método es idéntico: observar cómo trabaja alguien de verdad, detectar el patrón que repite sin darse cuenta, diseñar la corrección y entrenarla hasta que sale sola. En la pista lo llamas táctica; en una empresa lo llamas análisis de procesos.
¿Por dónde empezaste tú a automatizar?
Por mi propio correo, para tenerlo gestionado sin dedicarle tiempo cada día, y por un resumen semanal automático del estado del mercado para mis inversiones. Cosas pequeñas y repetitivas: exactamente el tipo de tarea por la que recomiendo empezar a cualquier empresa.
¿Cuánto se tarda en aprender lo suficiente para aplicar IA en un negocio?
Menos de lo que la gente cree. La barrera de entrada hoy es baja: se necesita tiempo, constancia y mentalidad abierta. Para aplicarla en tu propio negocio no necesitas programar; necesitas entender qué procesos repites y qué herramientas existen.
5 automatizaciones que cualquier pyme puede montar esta semana
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